Hay mentiras y manipulaciones de diferentes calibres. Las pequeñas hasta son aceptadas socialmente por la gente y la sociedad en su conjunto. Pero cuando éstas sobrepasan el límite de la tolerancia se convierten en un verdadero problema, máxime si los protagonistas son importantes actores políticos del Gobierno, cuyo rol ético básico es generar credibilidad, armonía y equilibrio en el seno de los ciudadanos.
Pero, como es sabido, una cosa es el deber ser y otra la praxis socio-política. De esta manera, la élite “chavecista” de poder ya tiene al país nacional acostumbrado a sus mentiras y manipulaciones. Sólo que cada día crece más una masa crítica irreverente, que se encarga de desnudarlas, a quitarle el disfraz pues. En hora buena, diría uno, con el rostro de optimismo en la conquista de un mejor futuro para la República.
Se trata, de poner al descubierto las falsedades y manipulaciones expresadas con el ahínco de la pasión dizque “revolucionaria” de un Izarra , un Diosdado o del propio Esteban, cuando asumiendo el propio estilo “cantinflérico” se refieren al cáncer que padece el caudillo : no es nada, pero sí o; curado, pero no; goza de buena salud como nunca, pero debe someterse a operaciones de tumores en Cuba. Descubrió ¡por fin! que es ser mortal, un ser humano. Un claro e inequívoco mentís, a una jauría de aduladores de ocasión, que lo consideraban un ser predestinado a estar por encima del bien y del mal, de estar ungido de cierta divinidad, propia del mundo de la metafísica.
Lo anterior coloca en el debate el concepto de ideología, visto desde el nivel psicológico, pero tomada por los personajes referidos, al pie de la letra en el esquema de Marx y Engels en sus inicios. Un concepto que encierra falsedad, lo engañoso, lo disimulador; que justifique la actual situación socioeconómica y política del país: aceptar la pobreza, la corrupción, el derroche, el entreguismo de la soberanía nacional, el clientelismo partidista y el paternalismo de estado; la escasez y desabastecimiento de productos básicos; el desempleo, la inseguridad y violencia; la sobreexplotación a los trabajadores y derrumbe general de la nación; como algo natural y necesario a nombre de un supuesto “Socialismo del Siglo XXI” y del caudillo de Miraflores, aunque sea éste uno de los principales responsable de estos entuertos.
En las recientes elecciones Primarias de la disidencia, 3 millones de venezolanos, expresaron sus opiniones de una manera contundente: dijeron ¡basta! a las mentiras, manipulaciones y a la ideología fracasada del disimulo y a la engañifa “chavecista” para mantenerse en el poder, para el usufructo personal y privilegios de pocos, en desmedro de las mayoría nacionales. El cambio cualitativo es el futuro promisor de la nación entera.
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