Para quien pretenda hacerse pasar por Cristo, prefiero el término cristoide porque significa real y literalmente: uno que se parece a Cristo pero no lo es. Cuando Jesús en uno de los evangelios bíblicos advierte respecto a los tales dice: "Engañarán, si fuese posible, aun a los escogidos”.
En el salmo 146, el poeta-rey David dice: "No confiéis en príncipes, ni en hijo de hombre, que no puede salvar..." Luego hace una sucinta lista de la salvación o salud que vienen de Dios: " justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, suelta a los aprisionados, abre los ojos a los ciegos, etc.".
Los príncipes o principales, llámense: reyes, césares, presidentes, primeros ministros, doctores, obispos, cardenales, papas, reverendos, santos y santones, pastores, evangelistas, etcétera, según las mismas escrituras no son más que seres humanos de quienes "sale su espíritu y se torna a la tierra", y por sofisticada y argumentada que pueda ser la evasión, son sólo mortales como cualquier otro ser humano, con sus méritos pero también con sus miserias que en el caso de los cristoides resultan ser las más.

El ego de un mandatario sin límites (de aquí en adelante tirano) se infla al ejercer el poder, y si tiene éxito al aprovechar la desesperación y desesperanza de una mayoría excluida dándoles alimento, ocupación, auxilios médicos y “devolver la vista a los oscurecidos”, termina por superinflarse hasta creerse cuando menos un iluminado, o cuando más un dios (a propósito en minúscula), aunque histriónicamente lo niegue. El tirano, semejante a un dios, se mantiene por el culto a su personalidad o culto al héroe. Un tirano no se hace solo. Necesita el caldo de cultivo de una población signada por el pensamiento mágico y la sumisión, además de estar bordeada por necesidades materiales y la falta de esperanzas.
Un tirano amplía su narcisismo personal para convertirlo en narcisismo de grupo, de manera que su movimiento se hace excluyente y único poseedor de la verdad y de virtudes sociales, tales como patriotismo, nacionalismo, etc. Quienes no lo apoyan reciben todos epítetos negativos. O se está con él o se está en contra. Son términos absolutos, que obedecen a una deidad.
De la misma Biblia es fácil quitarle la careta a los tiranos-cristoides. Según Mateo, capítulo 4, en la tercera tentación a Jesús "al mostrarle los reinos del mundo y la gloria de ellos", el ego (el enemigo), dueño y deseador de esas cosas terrenales, le dice: "Todo esto te daré si cayendo en tierra me rindieres homenaje". Jesús no se dejó seducir por el ego porque estaba verdaderamente ungido para una misión trascendental y con legado sin precedentes para la sociedad que tuvo el privilegio de conocerle, un legado que iba más allá de lo terrenal.
Edgar Morín en “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, apunta en su capítulo 1 lo siguiente: "Error e ilusión parasitan la mente humana desde la aparición del Homo Sapiens... Marx y Engels enunciaron justamente en la ideología alemana que los hombres siempre han elaborado falsas concepciones de sí mismos, de lo que hacen, de lo que deben hacer y del mundo donde viven... Pero tampoco Marx ni Engels escaparon de estos errores". Cuando falta la humildad se pierde el discernimiento; si nos quedamos en oscuridad podemos terminar alucinados, que es peor. ¡Y qué facilidad tienen los tiranos para encantar o alucinar a muchos, aun a los técnicamente ilustrados!
Quien tenga ojos que vea, y quien tenga entendimiento, que entienda.
(Basado en un ensayo de Gustavo Alcalá, profesor de Física del Pedagógico de Barquisimeto).
Vea también:
1. "Credo revolucionario" en
http://www.aporrea.org/oposicion/a27426.html
2. "El credo chavista" en
http://www.youtube.com/watch?v=R3xqD9fLCNg